Con motivo de celebración del 30 aniversario de la incorporación de la mujer en las Fuerzas Armadas el pasado 8 de marzo en el CESEDEN, cuatro militares españolas nos dieron su visión de la igualdad. Aquí os dejamos sus testimonios.

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Hace treinta años, Patricia Ortega dejó su puesto en una empresa para ingresar en el Cuerpo de Ingenieros Politécnicos del Ejército de Tierra, en el que hoy es coronel. La mujer con mayor graduación en nuestras Fuerzas Armadas, recordó que hace tres décadas los diccionarios no incluían la acepción actual de la palabra «conciliación» y que la presencia femenina en los Ejércitos tenía escaso apoyo social, ya que solo la respaldaba el 34 por 100 de la población, cuando ahora lo hace el 95 por 100.

Destinada en la Dirección de Infraestructura del Ejército de Tierra, la coronel Ortega lamentó «cuánto de estereotipo cultural hay en los dos sexos». «El hombre —señaló— puede ser tan tierno o más que una mujer; la mujer, tan fuerte o más que un hombre». Observó que en las Fuerzas Armadas, como en otros colectivos, a la mujer «siempre se le exige demostrar su valía, mientras que al hombre se le supone», y que «si un hombre falla, ha fallado ese hombre; si una mujer falla es la mujer la que ha fallado». Patricia Ortega expuso que «todavía hay quien sostiene lo de la diferente fuerza muscular», cuando «es solo cuestión de ergonomía: el CETME utilizado en 1988 pesaba 4,5 kg., el fusil actual alrededor de 3». «No creo —añadió— que en el ejército de Estados Unidos se mencione la diferente fuerza muscular entre el hombre blanco y el de color, afirmando que es menor la del primero». «Hemos sido tratadas como uno más, pero somos mucho más que uno más», puntualizó la coronel Ortega para defender que la incorporación de la mujer ha aportado significativos avances al conjunto de las Fuerzas Armadas.

Según indicó, este hito ha permitido «no solo transmitir una imagen moral dentro del ejército, sino también el cumplimiento de los objetivos de reclutamiento.

Y antes de ello, los hombres militares también tenían problemas familiares, derivados de los horarios, los cambios de destino ...»Patricia Ortega defendió que la igualdad no es «solo una reglamentación, sino que debe ser una actitud» y por ello celebró que las medidas de conciliación en las Fuerzas Armadas «no hablan de mujeres, hablan de militares».

La teniente coronel Inmaculada Sierra repasó en el CESEDEN su trayectoria profesional, desde el ingreso en la primera promoción de Cuerpos Comunes hasta su actual puesto como jefe del Servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla. Asimismo, describió su intervención en la misión de Irak, integrada en el Escalón Médico Avanzado de Tierra (EMAT-Centro), donde formó parte de una de las células de estabilización de los heridos.

«Por donde he pasado —resumió—, he tenido compañeros y jefes que han entendido mi trabajo y me han apoyado. La satisfacción de ejercer como médico militar es única, pero conlleva una labor que no siempre resulta fácil».

Ha habido momentos en los que he temido no dar la talla, como médico o como militar, y a veces he extendido los sacrificios a la familia. Pero he tenido la suerte de que tanto mi marido, también médico militar, como mis hijos, los han asumido con gusto».

«Me encantan los aviones», explica la sargento primero del Ejército del Aire Ana Belén González, quien vio cumplida su ilusión al ser destinada a las líneas de armamento del Ala 23, con los F-5, y del Ala12, con los F-18.

La sargento primero del Ejército del Aire Ana Belén González se refirió a la ayuda que recibió en su primer destino, el Ala 23 ubicada en la base de Talavera la Real (Badajoz), con motivo de la enfermedad y posterior fallecimiento de su madre. «Todos hicieron que no me sintiera sola en estas duras circunstancias», explicó.

Del segundo destino, el Ala 12 de Torrejón de Ardoz (Madrid), resaltó su participación en el despliegue del 121 Escuadrón en Cerdeña, en 2011, en la operación de la coalición internacional para defender a la población civil libia de los ataques de Gadafi.«Entonces me di cuenta —precisó— del intenso sacrificio de los militares y de nuestras familias, que tenían la incertidumbre de que nos fuimos deprisa sin saber cuándo volveríamos, ni las condiciones que tendríamos allí».

Ana Belén González está destinada ahora en la secretaría general del coronel jefe del Ala 12, ya que en 2009, cuando se quedó embarazada, se le aplicó la adecuación del servicio para mantenerla alejada de ciertos equipos que podían poner en peligro la gestación.

«Contamos en la base con un centro de educación infantil y una ludoteca, que nos permite conciliar de manera más eficaz la vida familiar y la profesional», expuso. «Desde que soy madre —manifestó la sargento primero González— no he tenido problemas para acudir a consultas médicas o revisiones, o para ausentarme el tiempo preciso para atender las necesidades de mis hijos, como tampoco las ha tenido mi marido, también militar del Ejército del Aire. Hemos vivido en localidades distintas, hasta que finalmente hemos encontrado en Madrid la manera de desarrollar conjuntamente nuestra vida profesional».

Por su parte, la cabo primero de la Armada Beatriz García abandonó su empleo como administrativa de una multinacional para ejercer la carrera militar y optó por la base naval de Rota (Cádiz) como primer destino, porque deseaba servir en un buque de guerra.

«En las Fuerzas Armadas he recibido una formación que me ha permitido desarrollar todas mis capacidades en cada uno de los empleos, en las mismas condiciones que el resto de mis compañeros», aseveró la cabo primero permanente

Beatriz García, que ha estado embarcada en las fragatas Navarra y Reina Sofía y en la Flotilla de Aeronaves, y ahora está asignada a la Subdirección de Gestión de Personal de la Armada. «Una vez que he conseguido ser militar de carrera —añadió— quiero seguir prestando servicios en la Armada; para ello se me abre una ventana de posibilidades de cursos y destinos que pretendo aprovechar».

Quedan los nombres de algunas militares que han abierto el camino. La soldado Reyes Mendoza fue en 1992 la primera mujer paracaidista; la teniente de navío Esther Yáñez, hoy capitán de fragata, la primera que asumió el mando de un buque de guerra, el patrullero Laya (2005); la teniente Rosa María García-Malea, actualmente capitán, la primera piloto de caza, un F-18 (2007); la teniente coronel Gracia Cañadas, la primera que mandó una unidad de tipo batallón, el Grupo De Artillería de Campaña (GACA) XII (2016), en la base madrileña de El Goloso; la teniente coronel médico Ana Betegón, la primera al frente de una unidad operativa del Ejército del Aire, la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue(2016).

Y, naturalmente la soldado Idoia, la primera mujer militar fallecida mientras cumplía con su deber en Afganistán, formando parte del contingente español desplegado en dicho país en el marco de la Operación ISAF.